Post 2:
Han pasado varios días desde mi primer post de este viaje. Gran parte de mi energía estuvo (y continúa estando) dedicada a mi tratamiento terapéutico con Kevin. Nos vemos varias veces a la semana y lo que al principio se parecía demasiado a un abordaje fundamentalmente cognitivo, ahora viró hacia la tarea conductual. Las exposiciones -cada vez más abundantes y complejas para mí- transcurren en casa, en la calle, en el supermercado y hasta en el shopping. Además debo completar tareas en el tiempo entre sesiones (lo cual en general me resulta muy difícil). Entiendo que el objetivo es aprender a acercarme a las cosas que me gustan en lugar de quedar detenida en la evitación de las que me aterran. Parece lógico pero suena casi como un enunciado existencial.
El TOC sigue amedrentándome. Soy asediada por pensamientos terroríficos y alarmantes, casi todo lo que compone el mundo exterior me aterra y debo llevar a cabo una enorme cantidad de compulsiones para no sentir que colapso. Sin embargo, como ya se sabe, es sólo cuando tomo el riesgo de no llevarlas a cabo, que finalmente sobreviene el alivio y la ilusión de bienestar.
Estoy trabajando duro, extrañando mucho estar en Buenos Aires, pero segura de estar haciendo lo correcto. Soy muy afortunada por tener a Vecc cerca mío, acompañándome con el cuerpo en tantas situaciones cotidianas; a Lia, apuntalándome y amaternando mi estadía en L.A., a mis padres que, con toda su preocupación y sus ganas de verme mejor, apoyan y alientan este tratamiento y me sostienen permanentemente, a mis amigos, y a mis fans y amigos que, a través de Facebook, comparten conmigo tantas cosas importantes. También soy afortunada por la soledad, porque me permite los silencios necesarios para intentar encontrarme con mi espejo.
A veces me aburro y me dan ganas de hacer música, de crear, hasta incluso de trabajar. Pero las cuestiones de la vida adulta todavía son un misterio cifrado con un código que desconozco.
Por ahora, seguiré enfocada en el tratamiento como prioridad. Gracias por acompañarme.
Los quiero mucho,
Ro
miércoles, 19 de febrero de 2014
lunes, 10 de febrero de 2014
Post 1: Viaje a California 2014
Post 1:
Se que debiera haber escrito el primer capítulo de este diario un poco antes. Una serie de pequeñas circunstancias hicieron que sea ahora el tiempo de compartir con ustedes a través de un montón de letras cómo me está yendo en esta experiencia en Los Angeles. Este segundo viaje no se parece demasiado al primero, al de 2013. El viaje anterior se erigió sobre un suelo de sueños y expectativas fundamentalmente respecto a mi carrera. Esta nueva aventura es una experiencia de rehabilitación. Así como leen, ni más ni menos…Si bien tanto mi familia como yo pudimos anticipar algo de lo tremendamente difícil y lo contundentemente necesario de este movimiento, creo que ni ellos ni yo sabíamos la dimensión de esa dificultad y de esa necesidad. Todo esto es muy duro para mí: la soledad, el desesperante confinamiento, la falta de independencia que me arroja de inmediato a mucha carencia. Las primeras dos semanas desde que llegué a esta ciudad el 23 de enero de 2014 fueron decididamente desesperantes. Confirmé con certeza que uno de mis rituales más recurrentes es la evitación. Tengo miedos irracionales sobre demasiadas cosas, lo cual compromete mi capacidad para procurarme las cosas básicas, incluyendo la comida y el abrigo, por sólo nombrar dos de las más visiblemente incapacitantes. Siento dolor en los intentos y también en las frustraciones. Ansiedad y angustia cada vez que rasguño la pared para no rendirme, y un caudal de amargura igual de intenso cuando me caigo y me quedo inmóvil lamentando mi falta de recursos.
He pasado muchas horas sola en esta casa, la casita feliz, llorando y debatiendo entre el hambre y el miedo, el aburrimiento y la pregunta: “qué estoy haciendo sola en este lugar?”. He dicho hasta el cansancio que quiero volver a casa, que no puedo más, que este viaje fue un error y una locura. Mis padres aún siguen alertas, esperando mi señal, la que tenga como texto el “vénganme a buscar” que aseguran será suficiente para que alguno de ellos se tome un avión a mi rescate. Lia, siempre al pie del cañón, me apuntala por teléfono decidida a defender con uñas y dientes su teoría de que yo no soy un TOC con persona, sino una persona con TOC y se rehusa a conversar con alguien más que no sea esa persona que -considera- tiene muchas otras cosas que decir además del relato bizarro y reiterativo de su trastorno. Ana insiste en que me vaya a vivir cerquita de ella a Marina del Rey para cuidarme.
Y, por supuesto está Vecc, que a pesar del stress de sus dos trabajos y del terror de sentirse atrapada por la responsabilidad de tener que ocuparse de mí, sigue siendo una compañera fundamental de esta aventura.
Quiero volver a casa, de todos modos, no me atrevo a tirar tanto esfuerzo y tanta ilusión por la borda. No me atrevo al fracaso contundente. Con Kevin, mi nuevo terapeuta, continuamos evaluando si es posible que continúe sola, si es necesario que alguien venga a acompañarme (mi viejo se ofreció varias veces), o si lo mejor es volverme a casa sin completar el tratamiento. Estos últimos 3 días, a partir de haber tenido una sesión muy intensa con Kevin el viernes pasado, fueron algo mejores.
Además de las sesiones individuales, estoy yendo a un grupo de terapia dirigido por el mismo Kevin y compuesto por gente que al igual que yo padece TOC. La experiencia grupal es maravillosa. Escucho en varios fragmentos de sus afectados discursos algunas de mis propias dificultades y afectaciones. Veo en algunos de esos ojos, esa mirada de confusión y agotamiento que tantas veces me devuelve el espejo. Percibo en la tensión y discomfort de algunos de esos cuerpos, esa puja entre la locura y el sentido común que ya casi es una marca cotidiana en mis propios gestos.
Hago mi tarea: lleno planillas con ejercicios que me indica el terapeuta. Intento, intento, intento, resisto, resisto, resisto, sigo adelante, porque no importa cuán potente sea mi matrimonio con el TOC, necesito estar mejor, recuperarme, rehabilitarme, atreverme (aunque me aterre) a entrar en el juego de la vida adulta y el mundo real. Necesito volver a cantar, volver a componer, tomar riesgos, tolerar la incertidumbre (que parece ser) inherente al movimiento, volver a abrazar, a besar, a sonreír. Tengo tanto miedo…
Quiero agradecerles por la paciencia, por respetar mi silencio de estos días pasados y también por acompañarme con pequeños y sutiles gestos de amor para que no me olvide que están ahí, cerquita mío. No me olvido que están ahí. No se olviden que estoy aquí y que los quiero mucho.
Ro
Suscribirse a:
Entradas (Atom)