jueves, 4 de julio de 2013

Fantasía - E (prosa poética)

De mí: cuando un posible romance con un muchacho se frustra, y no hay texto en lo real para explicar la frustración, la escritura ofrece dos caminos: la impunidad del reclamo lírico, o el regocijo de la fantasía poética. He aquí ese regocijo.

Fantasía – E


Regresás. Lo estás haciendo con mucha más agilidad de la que habría supuesto en mis mejores pronósticos de tu gestualidad motriz. Estás volviendo. O quizás, tal y como probablemente creas, viniendo por primera vez.
En aquella oportunidad te vi, aunque difuso, rozarme con hilos ciertos. Te vi verte en pánico, tan escindido, con una cara gélida y rigurosa y otra prendida fuego y urgente como una brasa en manos vírgenes.
Pero vos dirás que yo me confundo y que jamás estuviste aquí. Francamente no me importa, mientras me ocupo de saborear la aceleración del misil que son tus piernas viniendo hacia mí. Ahora. Como si estuvieras transitando un túnel de metal, andando tus pasos decididos. Acá estoy, quieta en lo aparente, aunque meneando milimétricamente mi piel y alguna articulación para anticiparme disponible.

No diremos nada. Lo sé. Hay osadías que se activan apenas se retiran de la caja fuerte de nuestros impostados imposibles y se acaban inmediatamente luego de volverlas a apretar bajo un candado. Así será ésta. Lo sé.
Tu camisa me recuerda a la de la foto de las calles sin autos. Estás algo menos delgado. Qué más da, si me beberé el excedente. Soy la inocencia que no me dejaste desplegar aquella vez. Seré, por fin, la sorpresa de boca entreabierta y pequeños esquives que mi propia feminidad tuvo que amordazar a tus órdenes.
Suena el aire que tus botas revuelven cuando se alzan del suelo, mientras canta Montreal en mis oídos, del lado de adentro, porque yo lo invoco, el chico de The Weeknd.
Pondré cara de nada para esperar tu boca. Aunque sospecho por la resonancia veloz de tu andar, que no te irás así intente golpearte, así te lastime con la acidez del reclamo que sabés me carcome la punta de la lengua hace meses.
Tengo los labios secos y el paladar inundado. Ya puedo olerte, como sea, este perfume es una antigüedad de mi memoria. Por supuesto aún no venció la invitación que mi cuello le extendió al grosor heredado de tus labios y no hay tiempo para preguntarte cuántas veces pensaste en mí antes de que fuera inevitable que decidieras entrar en mí.
Hola, hola. ¿Ves? Ves como somos? ¿Ves cuán crocantes, y deliciosos, y agridulces, y pegajosos, y ahumados, y especiados somos? No me des las gracias, dame la razón.

Dame. Dejame que escurra la camisa. Quiero repertirlo todo, del rechazo a la urgencia, de la mentira a tu lengua en mis dientes. Quiero verte intentar no verme, para quemarte las pupilas con este amor inevitable, una vez más.