miércoles, 26 de marzo de 2014

Post 4: Viaje a California 2014





Post 4

Hola a todos:

Aquí nuevamente para ponerlos al tanto de algunas sensaciones, experiencias y pequeñas anécdotas. A partir del post pasado, me propuse escribir un post por semana, y publicarlo cada miércoles durante este viaje a L.A. Durante los últimos días estuve retornando a cierta exacerbación de mis compulsiones, lo cual me asusta y fundamentalmente me frustra mucho. Me da terror volver para atrás, ya que este tratamiento, además de ser muy costoso económicamente, es una apuesta fuerte en términos de mi voluntad, determinación y esperanza de construir una vida más ajustada a mis proyectos, deseos y expectativas. Hoy lo hablé en terapia de grupo, pero llamativamente (o no) ahora me siento un poco mejor. No es que necesariamente hayan aflojado sustancialmente las compulsiones, pero la sensación general es de mayor bienestar. Se me ocurre que las sesiones grupales tienen un plus en su dinámica que me energiza y me conecta con mis compañeros desde una empatía desesperada que es difícil de explicar. Algo de eso estabiliza y equilibra mi emocionalidad, al menos circunstancialmente. Esta es una idea, pura especulación, pero me parece verosímil.
Es evidente que estoy funcionando mejor en el “afuera” que en “adentro”. Y esto no es metáfora: estar en casa me estresa, las compulsiones son muchas, y claramente me aburro. Por el contrario, cuando salgo a la calle, funciono mejor. Me da la sensación de que justamente porque allí afuera los códigos son otros, el tiempo tiene otro pulso y la motricidad de la gente exige una velocidad que tengo que empatar, no soy capaz de tanta compulsión. En la calle hay que responder. Y esto me hace muy bien. Suena irónico, porque las fantasías de peligro, en lo intelectual del texto del TOC, podría ser muchas más afuera que adentro, sin embargo, las salidas (a pesar de cierta angustia anticipatoria) son más placenteras y exitosas que las estadías largas dentro de casa. Que no se malinterprete: amo esta casa. Simplemente se ha invertido la tendencia que al principio hacía que me sintiera más segura y a gusto dentro y más ansiosa y vulnerable fuera. La Americana at brand merece un capítulo especial. No se si será su fuente de aguas a veces danzantes, la estatua dorada cuyos brazos abiertos alguna vez imité en metafórica indicación de mi mejoría, la belleza cuasi europea de sus callecitas, el tranvía antiguo que pasea sus vericuetos, la música funcional, todos esos negocios tentadores, los barcitos y restaurantes o una combinación exquisita de todo eso. Pero haber conquistado ese paseo en soledad, me pone muy contenta. Una nota curiosa (o no tanto) que me gustaría compartir con ustedes: descubrí el Hazelnut Coffeemate. Ustedes se preguntarán: qué tiene que ver eso con esto? Y yo les contestaré: es tan pero tan rico, que le pelea el puesto a las intrusiones con una dignidad sorprendente. Por ejemplo, si estoy por tomar un sorbo de café, la angustia y ansiedad por las intrusiones respecto a la taza, el café, o lo que sea, condicionan la experiencia de tomar el café, le quitan un alto porcentaje de comfort. Pero cuando me llevo ese café con ese líquido aromático y gustoso a la boca, las intrusiones se atolondran, se paralizan un poco. Es que es tan increíblemente delicioso…Entonces una vez más me asombro ante el poder terapéutico del placer. Vaya a saber qué procesos químicos acontecen para que un sorbo de algo rico le pegue un cachetazo contundente a mis miedos irracionales: habrá que investigarlo un poco más en profundidad. Sepan que los extraño y que como siempre, les agradezco la compañía, la empatía, y el cariño con que me leen, me oyen, me miran y me sostienen.

Los quiero mucho,


Ro

miércoles, 19 de marzo de 2014

Post 3: Viaje a California 2014


Post 3:

Desde mi Casita Feliz les escribo nuevamente, después de algún tiempo de mi último post. Y si bien es cierto que ha pasado un tiempo, les he ido contando muchas de mis pequeñas-grandes aventuras a través de Facebook y Twitter.
Mi tratamiento intensivo con Kevin continúa siendo mi prioridad y el foco de la mayor parte de mi atención. El trabajo que este terapeuta está haciendo conmigo es de una entrega y compromiso que merecen ser destacados. Con paciencia pero también con determinación, mucha lucidez y hasta una cuota de dulzura, el joven Kevin me acompaña y apuntala, me estimula y me contiene. Algunas de las claves de este tratamiento, al menos en mi experiencia, han sido y continúan siendo mantener el foco, tomar riesgos, “abrazar” el discomfort y repetir, repetir, repetir las exposiciones. Podría extender la lista y contarles más. Aprendí mucho. Pero entiendo que gran parte de estas lecciones corresponden al tesoro de mis recursos y no quiero aburrirlos. Este viaje, con todo lo que incluye, está siendo probablemente una de las experiencias (o procesos) más transformadoras de mi vida, al menos hasta este momento. Pero como debo respetar mi sostenida inclinación al derrotismo, no puedo calzarme las guirnaldas, tirar papel picado y soltar los globos. Prefiero mantener cierto nivel de reserva, y seguir trabajando codo a codo con Kevin, enfrentando mis miedos, aprendiendo a salir al mundo, y comenzando tímidamente el apasionante proceso de conocerme.
Quiero recordarles que ustedes también son parte de esta travesía, del mismo modo que lo fueron el año pasado, en el antes, el durante y el después del viaje anterior a California.
Quiero que sepan cuán valioso es para mí contar con ustedes como interlocutores y compañeros de viaje. Espero estar, de alguna manera, yo también acompañándolos en sus aventuras y travesías. No me gusta dar indicaciones o consejos generalizados, pero entonces quiero hacerles saber cuán hermosa es la sensación que experimento cada vez que estoy del otro lado del puente de mis pánicos. Ahí, luego de haber mirado al miedo cara a cara, luego de elegir tomar el riesgo, aflojar mis arneses injustificados y abrazar un poquito cierta sensación de libertad. 

Los quiero mucho





sábado, 15 de marzo de 2014

Soñé (prosa poética)







De mi voz: hace unos días soñé uno de esos sueños que da gusto recordar; uno de esos a los que dan ganas de robarles lo que fuere que reste de ellos en la vigilia: una palabra, una imagen, una sensación, para intentar que nos acompañe lo más posible durante el día. Con esa sensación y ese texto robados a mi propio yo onírico, escribí este relato.

Soñé

Prólogo:
Soñé. Así comienza el relato que no es poco decir. 
Te soñé. Aún en la vigilia puedo saber que así fue.
“Yo te sueño”. Eso dijiste mientras te soñaba. Luego te cubriste la cara con una almohada. 
“Yo también te sueño”. Eso te dije para que pierdas la vergüenza y accedas -a cambio- al libre albedrío de algún impulso que te traiga otra vez a la luna llena que dejamos pendiendo. Esta vez, con la esperanza de la contundencia de una confesión. Si me soñás, seguramente deberá caer algo de la comedia de sogas tirantes y desentendidas que montaste aquella vez.

En mis sueños puedo, si quiero, decirte cuánto te sueño y puedo también saberte soñándome pudoroso. Y el coletazo sensible que deja el sueño me ofrece el juego de la señal potencial y la pregunta ilusionada: me habrás soñado? 

Se que sólo me lo dirás desvestido. Si no, jamás lo sabré. Y si haberme soñado equivale a haberme deseado, entonces quizás, me lo dirás desnudo.


En mis sueños puedo, si quiero, conversar con tu versión más honesta, imaginar develados tus fueros íntimos, atender las mieles reveladas del niño añejo que cabe en tus artes, por más escuetas que sean; puedo resolver misterios e inventar dignidades con un par de gestos tuyos. Puedo hacer cierto tu voluntarioso intento de verosimilitud, y dotar tu carne de los motivos más hondos de todos los personajes que jugaste a actuar: y que tu entrecejo de veras bregue por la justicia, tu pelo confundido por el viento llegue a tiempo a decir cuánto lo siente y tus manos temblorosas alcancen el suave roce de mis dedos (la piel de tu doncella) para clavar tu rodilla en la tierra y pedirme que te ame hasta los huesos.

Porque sé que hay algo de vos en la ropa del títere de principe que te compraron, justo en el punto en que las cuerdas de la 335 con que le moves los puños se te vuelven música y lo dejás desnudo e inerte, pero vivo. 

Entonces puedo, si quiero, en mis sueños, secarte la noche de jugos rancios, buscar todos mis relatos en los bordes húmedos de tus llagas, hacer que tus pies se atrevan y verte dar el salto con las pupilas temblando: si quiero puedo oírte revelar tu música por fin, alentado por un brío tibio de mi voz en tu cuello; puedo ser la espectadora activa del momento exacto en que la lágrima precisa te deshilvana las copiosas y pequeñas mentiras y te hunde la carne en la urgencia de un puñado ineludible de acordes tuyos. Y cambias la piel, de cera muteada que cae a dérmica canción de tu autoría.

En mi sueño sabés de mí todo lo que jamás te atreviste a investigar. En el caldo atmosférico tibio de mi imaginación vívida, se revela a las claras si fue miedo o haraganería. Porque en mi sueño no me empecino; muevo una diacronía ágil de imágenes que ahora sólo sé traducir en palabras lentas. Puedo verte una cara antigua, se te suelta la mueca, se te alivia la panza de arneses desatados. En el sueño resulta que tu nueva piel música solo sabe hacer el amor conmigo. Tu intensidad genuina no puede más refugio que mi alianza con ella. Nuestras vanidades cobran sentido en la volcánica contundencia creativa del dolor, lo bello se nos vuelve más arte que espejo, a los dos, sin excepción. En mi sueño se nos mezclan las letras para dar muerte al discurso repetido de nuestras agendas pretendidas y dar a luz el mensaje de nuestra historia.

Y nos soñamos. Con la cara pegada a una almohada, por vergüenza, o por soledad.