De mí: cuando un posible romance con un muchacho se frustra, y no hay texto en lo real para explicar la frustración, la escritura ofrece dos caminos: la impunidad del reclamo lírico, o el regocijo de la fantasía poética. He aquí ese regocijo.
Fantasía – E
Regresás. Lo estás haciendo con mucha más agilidad de la que
habría supuesto en mis mejores pronósticos de tu gestualidad motriz. Estás
volviendo. O quizás, tal y como probablemente creas, viniendo por primera vez.
En aquella oportunidad te vi, aunque difuso, rozarme con
hilos ciertos. Te vi verte en pánico, tan escindido, con una cara gélida y
rigurosa y otra prendida fuego y urgente como una brasa en manos vírgenes.
Pero vos dirás que yo me confundo y que jamás estuviste
aquí. Francamente no me importa, mientras me ocupo de saborear la aceleración
del misil que son tus piernas viniendo hacia mí. Ahora. Como si estuvieras
transitando un túnel de metal, andando tus pasos decididos. Acá estoy, quieta
en lo aparente, aunque meneando milimétricamente mi piel y alguna articulación para
anticiparme disponible.
No diremos nada. Lo sé. Hay osadías que se activan apenas se
retiran de la caja fuerte de nuestros impostados imposibles y se acaban
inmediatamente luego de volverlas a apretar bajo un candado. Así será ésta. Lo
sé.
Tu camisa me recuerda a la de la foto de las calles sin
autos. Estás algo menos delgado. Qué más da, si me beberé el excedente. Soy la
inocencia que no me dejaste desplegar aquella vez. Seré, por fin, la sorpresa
de boca entreabierta y pequeños esquives que mi propia feminidad tuvo que
amordazar a tus órdenes.
Suena el aire que tus botas revuelven cuando se alzan del
suelo, mientras canta Montreal en mis oídos, del lado de adentro, porque yo lo
invoco, el chico de The Weeknd.
Pondré cara de nada para esperar tu boca. Aunque sospecho por la resonancia veloz de tu andar, que no te irás así intente golpearte, así
te lastime con la acidez del reclamo que sabés me carcome la punta de la lengua
hace meses.
Tengo los labios secos y el paladar inundado. Ya puedo
olerte, como sea, este perfume es una antigüedad de mi memoria. Por supuesto aún
no venció la invitación que mi cuello le extendió al grosor heredado de tus
labios y no hay tiempo para preguntarte cuántas veces pensaste en mí antes de
que fuera inevitable que decidieras entrar en mí.
Hola, hola. ¿Ves? Ves como somos? ¿Ves cuán crocantes, y
deliciosos, y agridulces, y pegajosos, y ahumados, y especiados somos? No me
des las gracias, dame la razón.
Dame. Dejame que escurra la camisa. Quiero
repertirlo todo, del rechazo a la urgencia, de la mentira a tu lengua en mis
dientes. Quiero verte intentar no verme, para quemarte las pupilas con este
amor inevitable, una vez más.
maravillosamente conmovedor y bello...bello
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