lunes, 10 de febrero de 2014

Post 1: Viaje a California 2014

Post 1:

Se que debiera haber escrito el primer capítulo de este diario un poco antes. Una serie de pequeñas circunstancias hicieron que sea ahora el tiempo de compartir con ustedes a través de un montón de letras cómo me está yendo en esta experiencia en Los Angeles. Este segundo viaje no se parece demasiado al primero, al de 2013. El viaje anterior se erigió sobre un suelo de sueños y expectativas fundamentalmente respecto a mi carrera. Esta nueva aventura es una experiencia de rehabilitación. Así como leen, ni más ni menos…Si bien tanto mi familia como yo pudimos anticipar algo de lo tremendamente difícil y lo contundentemente necesario de este movimiento, creo que ni ellos ni yo sabíamos la dimensión de esa dificultad y de esa necesidad. Todo esto es muy duro para mí: la soledad, el desesperante confinamiento, la falta de independencia que me arroja de inmediato a mucha carencia. Las primeras dos semanas desde que llegué a esta ciudad el 23 de enero de 2014 fueron decididamente desesperantes. Confirmé con certeza que uno de mis rituales más recurrentes es la evitación. Tengo miedos irracionales sobre demasiadas cosas, lo cual compromete mi capacidad para procurarme las cosas básicas, incluyendo la comida y el abrigo, por sólo nombrar dos de las más visiblemente incapacitantes. Siento dolor en los intentos y también en las frustraciones. Ansiedad y angustia cada vez que rasguño la pared para no rendirme, y un caudal de amargura igual de intenso cuando me caigo y me quedo inmóvil lamentando mi falta de recursos.
He pasado muchas horas sola en esta casa, la casita feliz, llorando y debatiendo entre el hambre y el miedo, el aburrimiento y la pregunta: “qué estoy haciendo sola en este lugar?”. He dicho hasta el cansancio que quiero volver a casa, que no puedo más, que este viaje fue un error y una locura. Mis padres aún siguen alertas, esperando mi señal, la que tenga como texto el “vénganme a buscar” que aseguran será suficiente para que alguno de ellos se tome un avión a mi rescate. Lia, siempre al pie del cañón, me apuntala por teléfono decidida a defender con uñas y dientes su teoría de que yo no soy un TOC con persona, sino una persona con TOC y se rehusa a conversar con alguien más que no sea esa persona que -considera- tiene muchas otras cosas que decir además del relato bizarro y reiterativo de su trastorno. Ana insiste en que me vaya a vivir cerquita de ella a Marina del Rey para cuidarme.
Y, por supuesto está Vecc, que a pesar del stress de sus dos trabajos y del terror de sentirse atrapada por la responsabilidad de tener que ocuparse de mí, sigue siendo una compañera fundamental de esta aventura.
Quiero volver a casa, de todos modos, no me atrevo a tirar tanto esfuerzo y tanta ilusión por la borda. No me atrevo al fracaso contundente. Con Kevin, mi nuevo terapeuta, continuamos evaluando si es posible que continúe sola, si es necesario que alguien venga a acompañarme (mi viejo se ofreció varias veces), o si lo mejor es volverme a casa sin completar el tratamiento. Estos últimos 3 días, a partir de haber tenido una sesión muy intensa con Kevin el viernes pasado, fueron algo mejores.
Además de las sesiones individuales, estoy yendo a un grupo de terapia dirigido por el mismo Kevin y compuesto por gente que al igual que yo padece TOC. La experiencia grupal es maravillosa. Escucho en varios fragmentos de sus afectados discursos algunas de mis propias dificultades y afectaciones. Veo en algunos de esos ojos, esa mirada de confusión y agotamiento que tantas veces me devuelve el espejo. Percibo en la tensión y discomfort de algunos de esos cuerpos, esa puja entre la locura y el sentido común que ya casi es una marca cotidiana en mis propios gestos. 
Hago mi tarea: lleno planillas con ejercicios que me indica el terapeuta. Intento, intento, intento, resisto, resisto, resisto, sigo adelante, porque no importa cuán potente sea mi matrimonio con el TOC, necesito estar mejor, recuperarme, rehabilitarme, atreverme (aunque me aterre) a entrar en el juego de la vida adulta y el mundo real. Necesito volver a cantar, volver a componer, tomar riesgos, tolerar la incertidumbre (que parece ser) inherente al movimiento, volver a abrazar, a besar, a sonreír. Tengo tanto miedo…
Quiero agradecerles por la paciencia, por respetar mi silencio de estos días pasados y también por acompañarme con pequeños y sutiles gestos de amor para que no me olvide que están ahí, cerquita mío. No me olvido que están ahí. No se olviden que estoy aquí y que los quiero mucho.


Ro

2 comentarios:

  1. Como olvidarnos que estás tan lejos ! Sigo acompañándote a la distancia, casi en silencio. Vamos, que podés.

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  2. aquì estoy ,
    quiero que cuentes conmigo para lo que nececites.., cuando,donde y lo que sèa.....no voy a permitir que ningùn obstàculo,ningùna limitacion,ningùn miedo,ninguna intrusiòn pretenda interferir o dificultar el normal funcionamiento de la parte màs importante de tu vida......tengo que poder hacer algo...............................
    ......quiero aclararte ro, no lo pensè......LO SENTÌ "....se piensa con la mente--SE SIENTE CON LOS SENTIMIENTOS y a vos
    SENTIMIENTOS Y SENSIBILIDAD TE SOBRAN y estàn INTACTOS.
    ABRAZAR,BESAR,REIR,SOÑAR,AMAR,,CANTAR,COMPONER,VIVIR -solo debes SENTIR y NO pensar .Èsto nùnca lo perdiste...lo tenès
    aletargado, adormecido,relegado.
    Estoy de acuerdo con Lìa....ro,vos sos una persona conTOC y nò lo
    contrario.......se que estàs poniendo mucha voluntad,mucho esfuerzo......
    ... tenès que completar el tratamiento , cooperar con la terapia propuesta por Kevin ,se que es duro ,los buenos resultados no tardaràn en llegar,ya lo veràs.
    siempre estarè de tu lado TE AMO mi princesa valiente
    papanino

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