De mi voz: Tercer texto de la trilogía que incluye los relatos "Quiero, no quiero" y "Encantada" publicados en este blog.
¿Y qué si?
¿Y qué si quiero escribirte, aún sabiendo que no vas a contestar?
¿Y qué si pospongo los efectos devastadores de tu rechazo, con tal de abrirle paso a la fuente deliciosa de las palabras que quiero decirte? Las que tengo amordazadas, las que se aburren en el confinamiento a las órdenes de mi orgullo.
¿Y qué si me encomiendo a la torpe libertad de hacerte saber lo que siento? Pero sin demasiado estruendo, si en verdad lo que siento no es tan terrible, ni tan enorme. Si a decir verdad, tampoco es tan importante que sientas lo mismo. Porque tampoco es tan importante, ni tan intenso, ni tan profundo lo que siento. Es que tengo tantas ganas de probar la ruptura del filtro, como una loca descalza corriendo en la calle, sin más rumbo que el que indica la tibieza de los pies raspando el asfalto. Como una loca con un globo, que juega a perseguirlo aunque sabe que está amarrado a su mano.
Qué ganas de abandonar este relato sobre la libertad, para ir derechito a ponerla en acto.
¿Y qué si te digo que quiero verte porque me gustás? ¿Y qué si te invito a mi casa un rato?
¿Y qué si te digo que sospecho en tu sonrisa un gatillo inexorable al despertar de la mía?
¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Que te asustes? ¿Que se desarme ablandado como un pedazo de manteca el poco impulso curioso que tenías hacia mí? ¿Que se inflame un poco más tu narcisismo, si es que eso fuera posible? ¿Que mis palabras acontezcan en la misma línea comprensiva en que tu mente almacena la poca importancia de miles de palabras parecidas, dichas por tantas otras mujeres?
¿Que me borres, bloquees, desestimes o denuncies? ¿Que corras a otro bar escondiéndote detrás de un par de gafas la próxima vez que me veas merendar por el barrio? Si de todos modos no te tengo.
Jugarte a la indiferencia no me sirve. En el territorio de mi fantasía, cualquier estrategia es inútil.
¿Y qué si doy un paso más y te cuento que imagino nuestro fracaso? ¿Y qué si te digo que intuyo muy probable aburrirme con vos, pasado un rato?
Qué ganas de escribirte ya mismo y jugar a que espero...y espero...y abrir cada dos minutos los ojos para saber si estás ahí leyéndome, para jugar a darle espacio a la chance de que me escribas para decirme que tenés unas ganas incontrolables de besarme. ¡Ay, qué bello regodeo!
"¡Hola! Tengo ganas de verte. Me gustás mucho. Me encantaría tenerte cerca y ver qué nos pasa. Es raro este mensaje pero muy lindo estar escribiéndolo. Ojalá te guste la idea. Ojalá te guste. Ojalá quieras. ¡Besote!"
Así, con desparpajo inadmisible, con la versión más impensable de mi derecho de expresión, con desatino pero sin vergüenza, como un descanso a mi deber de diva inalcanzable, como una falta de respeto a todos mis queridos remadores. Así no más, como un escándalo sin maquillaje en la foto de perfil, como una burla a los velos de un vestido de gala, con cuestionable ingenuidad y decidida elementalidad.
¿Y qué si sucede lo inverosímil? ¿Y qué si mi torpeza encaprichada tiene punzones eficientes? ¿Y qué si el paso tosco era de espuma en la otra punta? Y qué si al final del hilo del globo de la loca descalza en la calle estás vos, enamorándote de mí?
Bellísimo y locamente hermoso relato de amor !!!
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