Post 4
Hola a todos:
Hola a todos:
Aquí nuevamente para ponerlos al tanto de algunas sensaciones, experiencias y pequeñas anécdotas. A partir del post pasado, me propuse escribir un post por semana, y publicarlo cada miércoles durante este viaje a L.A. Durante los últimos días estuve retornando a cierta exacerbación de mis compulsiones, lo cual me asusta y fundamentalmente me frustra mucho. Me da terror volver para atrás, ya que este tratamiento, además de ser muy costoso económicamente, es una apuesta fuerte en términos de mi voluntad, determinación y esperanza de construir una vida más ajustada a mis proyectos, deseos y expectativas. Hoy lo hablé en terapia de grupo, pero llamativamente (o no) ahora me siento un poco mejor. No es que necesariamente hayan aflojado sustancialmente las compulsiones, pero la sensación general es de mayor bienestar. Se me ocurre que las sesiones grupales tienen un plus en su dinámica que me energiza y me conecta con mis compañeros desde una empatía desesperada que es difícil de explicar. Algo de eso estabiliza y equilibra mi emocionalidad, al menos circunstancialmente. Esta es una idea, pura especulación, pero me parece verosímil.
Es evidente que estoy funcionando mejor en el “afuera” que en “adentro”. Y esto no es metáfora: estar en casa me estresa, las compulsiones son muchas, y claramente me aburro. Por el contrario, cuando salgo a la calle, funciono mejor. Me da la sensación de que justamente porque allí afuera los códigos son otros, el tiempo tiene otro pulso y la motricidad de la gente exige una velocidad que tengo que empatar, no soy capaz de tanta compulsión. En la calle hay que responder. Y esto me hace muy bien. Suena irónico, porque las fantasías de peligro, en lo intelectual del texto del TOC, podría ser muchas más afuera que adentro, sin embargo, las salidas (a pesar de cierta angustia anticipatoria) son más placenteras y exitosas que las estadías largas dentro de casa. Que no se malinterprete: amo esta casa. Simplemente se ha invertido la tendencia que al principio hacía que me sintiera más segura y a gusto dentro y más ansiosa y vulnerable fuera. La Americana at brand merece un capítulo especial. No se si será su fuente de aguas a veces danzantes, la estatua dorada cuyos brazos abiertos alguna vez imité en metafórica indicación de mi mejoría, la belleza cuasi europea de sus callecitas, el tranvía antiguo que pasea sus vericuetos, la música funcional, todos esos negocios tentadores, los barcitos y restaurantes o una combinación exquisita de todo eso. Pero haber conquistado ese paseo en soledad, me pone muy contenta. Una nota curiosa (o no tanto) que me gustaría compartir con ustedes: descubrí el Hazelnut Coffeemate. Ustedes se preguntarán: qué tiene que ver eso con esto? Y yo les contestaré: es tan pero tan rico, que le pelea el puesto a las intrusiones con una dignidad sorprendente. Por ejemplo, si estoy por tomar un sorbo de café, la angustia y ansiedad por las intrusiones respecto a la taza, el café, o lo que sea, condicionan la experiencia de tomar el café, le quitan un alto porcentaje de comfort. Pero cuando me llevo ese café con ese líquido aromático y gustoso a la boca, las intrusiones se atolondran, se paralizan un poco. Es que es tan increíblemente delicioso…Entonces una vez más me asombro ante el poder terapéutico del placer. Vaya a saber qué procesos químicos acontecen para que un sorbo de algo rico le pegue un cachetazo contundente a mis miedos irracionales: habrá que investigarlo un poco más en profundidad. Sepan que los extraño y que como siempre, les agradezco la compañía, la empatía, y el cariño con que me leen, me oyen, me miran y me sostienen.
Los quiero mucho,
Ro

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