miércoles, 9 de enero de 2013

Ecualizada.com : Los músicos no escuchan música (entrada de blog)

De mi voz: Este texto formó parte de un proyecto que alguna vez tuvo curso llamado "Ecualizada". Se trataba de un blog de música del que durante un tiempo participé. Es probable que en la re-lectura, ya no esté tan de acuerdo con lo que escribí, y es posible - también- que mucha gente esté cabalmente en desacuerdo con las opiniones y los puntos de vista del relato. Aún así, lo comparto =)


Ecualizada.com :  Los músicos no escuchan música


Estoy pensando en los músicos. Se que no existe una habilitación legal para ejercer como músico oficial. Algunos dirán que el estudio sumado a la experiencia, hacen al profesional. No dudo que en alguna medida esto es así, pero como no hay carnet o licencia que indique de una persona su grado de práctica del oficio, no puedo más que remitirme a la observación de algunas curiosidades.
            Me doy cuenta que al verdadero músico la música no le llama la atención. Es decir, no lo sorprende. Igual que al médico no lo sorprende una herida, la sangre, el dolor físico o la muerte. Al profesional no lo conmueve el encuentro con una buena pieza musical, no se excita con la contemplación del arte ajeno porque la música, desde hace tiempo, no se trata de un elemento externo a ser conquistado en el futuro.
            El verdadero músico vive en permanente estado sonoro, a tal punto que prefiere respetar sus pequeños espacios de silencio. No es alguien a quien podamos usualmente ver pasándole un trapo a la mesada de la cocina mientras escucha un tema tras otro a todo volumen. Por más paradójico que resulte, el verdadero músico no escucha música.
Tampoco es muy sociable. Es, más bien, un pájaro solitario que bate las alas de la creación hasta donde se lo permiten las cuatro paredes de su pequeño estudio unipersonal. No gusta de los encuentros casuales con otros músicos y detesta soltar y recibir cumplidos que empalaguen de hipocresía. Es un experimentador y un autómata, cuyo discurso oral se va reduciendo paulatinamente en la medida en que la estructura del lenguaje musical le va ganando espacio a la del lenguaje verbal en su cerebro.
Sus pensamientos se tornan rítmicos o melódicos y en el peor de los casos armónicos, contribuyendo al aislamiento.
            El verdadero músico no es la cara del producto de otro, no puede concretar con éxito la entrega de su arte a cambio de dinero, no delega, no comparte con pericia, no sabe hacer otra cosa más que armar cosas con música, cosas hechas de música, casas y ventanas hechas con música. Los escenarios no son promesa de exhibicionismo y utilería, si no más bien un buen inodoro esporádico donde precipitar el vómito urgente. La escena es para el vero músico el único espacio posible donde poder desagotar las tripas. Anda por la vida de un modo tan particular y tan poco enmarquesinado que apenas se lo puede distinguir del ejecutivo de ventas de un banco o la dueña de una inmobiliaria. Las ropas de promoción le quedan incómodas y prefiere las pantuflas combinadas con las uñas mal cortadas. El acicalamiento le quita tiempo de creación a pesar de que podría parecerle importante. No es aquel de las gafas negras y la guitarra colgada ni aquella de los pelos locos y las botas de charol. Tampoco el de los anteojitos y el bolso lleno de partituras de Chopin ni la del piano y las lentejuelas. Es uno que va por ahí como un enfermero sin ambo o una maestra sin guardapolvo, sin insignias o exageraciones. Uno más ejerciendo su profesión, silenciando sus tiempos libres, construyendo la vida sobre la base de la vocación como razón cotidiana.

3 comentarios:

  1. algo que te escuchè decir, con lo cual me unìa, es que no escuchabas mùsica... yo casi no escucho mùsica, es màs, despuès de mucho tiempo de solo escuchar cosas mìas, y gracias a facebook, escuchè tu mùsica (y de otra gente).
    creo que hay algo que ya no tiene la gente nacida despuès de la dècada del '50 (por poner una fecha) y es la capacidad de asombro respecto a la mùsica, ya nacemos con un montòn de melodìas incorporadas por lo que es casi imposible asombrarse por una melodìa increible de Bach. Nos puede encantar pero no asombrar.
    siempre me pregunto como habrà sido en los tiempos en donde se estrenaban el Hallellujah de Haendel, por ejemplo. La humanidad escuchando eso por primera vez en la historia. Nuinca lo sabremos.

    ResponderEliminar
  2. Personalmente me senti identificado con la parte del silencio... algo tan necesario para mi muchas veces... Excelente Ro!

    ResponderEliminar
  3. que bueno!! la verdad me encanto, sale el libro?

    ResponderEliminar