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: Los músicos no escuchan música
Estoy pensando en los músicos. Se que no existe una
habilitación legal para ejercer como músico oficial. Algunos dirán que el estudio
sumado a la experiencia, hacen al profesional. No dudo que en alguna medida
esto es así, pero como no hay carnet
o licencia que indique de una persona su grado de práctica del oficio, no puedo
más que remitirme a la observación de algunas curiosidades.
Me doy
cuenta que al verdadero músico la música no le llama la atención. Es decir,
no lo sorprende. Igual que al médico no lo sorprende una herida, la sangre, el
dolor físico o la muerte.
Al profesional no lo conmueve el encuentro con una buena
pieza musical, no se excita con la contemplación del arte ajeno porque la
música, desde hace tiempo, no se trata de un elemento externo a ser conquistado
en el futuro.
El
verdadero músico vive en permanente estado sonoro, a tal punto que prefiere
respetar sus pequeños espacios de silencio. No es alguien a quien podamos
usualmente ver pasándole un trapo a la mesada de la cocina mientras escucha un
tema tras otro a todo volumen. Por más paradójico que resulte, el verdadero
músico no escucha música.
Tampoco es muy sociable. Es, más bien, un pájaro solitario
que bate las alas de la creación hasta donde se lo permiten las cuatro paredes
de su pequeño estudio unipersonal. No gusta de los encuentros casuales con
otros músicos y detesta soltar y recibir cumplidos que empalaguen de
hipocresía. Es un experimentador y un autómata, cuyo discurso oral se va
reduciendo paulatinamente en la medida en que la estructura del lenguaje
musical le va ganando espacio a la del lenguaje verbal en su cerebro.
Sus pensamientos se tornan rítmicos o melódicos y en el peor
de los casos armónicos, contribuyendo al aislamiento.
El
verdadero músico no es la cara del producto de otro, no puede concretar con
éxito la entrega de su arte a cambio de dinero, no delega, no comparte con
pericia, no sabe hacer otra cosa más que armar cosas con música, cosas hechas
de música, casas y ventanas hechas con música. Los escenarios no son promesa de
exhibicionismo y utilería, si no más bien un buen inodoro esporádico donde
precipitar el vómito urgente. La escena es para el vero músico el único espacio
posible donde poder desagotar las tripas. Anda por la vida de un modo tan
particular y tan poco enmarquesinado que apenas se lo puede distinguir del
ejecutivo de ventas de un banco o la dueña de una inmobiliaria. Las ropas de
promoción le quedan incómodas y prefiere las pantuflas combinadas con las uñas
mal cortadas. El acicalamiento le quita tiempo de creación a pesar de que
podría parecerle importante. No es aquel de las gafas negras y la guitarra
colgada ni aquella de los pelos locos y las botas de charol. Tampoco el de los
anteojitos y el bolso lleno de partituras de Chopin ni la del piano y las
lentejuelas. Es uno que va por ahí como un enfermero sin ambo o una maestra sin
guardapolvo, sin insignias o exageraciones. Uno más ejerciendo su profesión,
silenciando sus tiempos libres, construyendo la vida sobre la base de la
vocación como razón cotidiana.
algo que te escuchè decir, con lo cual me unìa, es que no escuchabas mùsica... yo casi no escucho mùsica, es màs, despuès de mucho tiempo de solo escuchar cosas mìas, y gracias a facebook, escuchè tu mùsica (y de otra gente).
ResponderEliminarcreo que hay algo que ya no tiene la gente nacida despuès de la dècada del '50 (por poner una fecha) y es la capacidad de asombro respecto a la mùsica, ya nacemos con un montòn de melodìas incorporadas por lo que es casi imposible asombrarse por una melodìa increible de Bach. Nos puede encantar pero no asombrar.
siempre me pregunto como habrà sido en los tiempos en donde se estrenaban el Hallellujah de Haendel, por ejemplo. La humanidad escuchando eso por primera vez en la historia. Nuinca lo sabremos.
Personalmente me senti identificado con la parte del silencio... algo tan necesario para mi muchas veces... Excelente Ro!
ResponderEliminarque bueno!! la verdad me encanto, sale el libro?
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