De mi voz: Otro texto de taller. En lo particular, me resulta un poco escalofriante. Dudé en publicarlo, pero creo que en su andar y en su síntesis tiene mucha dulzura.
Lapidada
Por eso nunca guardo lo que escribo en mi
diario. Por eso tengo un diario virtual. De esos que se atesoran en un disco
rígido con clave privada. A los papeles nunca los devora el tiempo y la mayoría
de las memorias tienen el poder de reanimar las tintas ocultas.
Nuestro vínculo
está repleto de oscuridad. Como a pesar de todo nos queremos, decidí dedicar
todos estos años a mancillar mi
identidad, postergar mis proyectos y sobre adaptarme a un sistema de control celotípico que a veces
me deja el cuerpo pequeño como una oruga. Por eso nunca dejo a la vista lo que
escribo con la complicidad del alma. Se me prohibe cualquier contacto con el
mundo exterior. Claro que es una condición histórica de nuestra cultura pero
cabe decir que los mensajes urgentes que una mujer se escribe a si misma en la
vida, también cuentan con las verificaciones de la historia y la eterna
tradición que construyen los vientres oprimidos.
Es una obviedad
aclarar que jamás engañé a Abdul. Sin embargo, lo que tuvo vedado la carne se
multiplicó en mi imaginación y mis quimeras a tal punto, que me convertí en una
verdadera y anónima escritora. Soy la poeta del deseo amordazado. No es que me
enorgullezca pero estoy tan segura del valor literario de mi obra, que si
tuviera alguna vez la oportunidad de darla a conocer, sin dudas sería un
best.-seller.
Las lunas llenas
me envenenan la
sangre. Durante la última, me encontraba yo tumbada entre los
tules y el colchón, cuando me asaltó un impulso del pecho y se me elevó al
cerebro para dejarme escuchar un nombre: Rahid. Las letras me humedecieron los
labios, una por una, y con los dedos urgentes recorrí algo de mis piernas hasta
dar con la computadora una vez más. Abrí la carpeta número cuatro del dos mil
cuatro y encontré el archivo con su nombre.
“Hijo de la
lumbre de mis ojos, te deseo.
Todos los jueves de mañana te veo arrastrar
el carro de tu venta, con manos poderosas y un sudor que quiero mío”.
Leyéndome,
lo recordé. Tanto y tan bien, que quise saberme más y me quedé leyendo hasta
que el sueño se llevó el relato para regalarme imágenes.
Es muy temprano en la mañana y desde esta
quietud de mi cuerpo puedo ver todas las caras y todos los contornos bellos que
en el pasado tuve que evitar contemplar. Presa hasta el cuello, pero libre en
los ojos por fin, sonrío y seduzco con lo que me queda de vida. Soy mujer por
vez primera, en el ocaso de mi existencia y en la potencia de mi juventud.
En dos horas
seré lapidada. A la vista del pueblo todo y me iré porque soy culpable. Olvidé
cerrar los archivos y mi diario íntimo fue la ira de Abdul. Esta es mi
maldición. Sin embargo, a la hora del final, sabré que todos ellos, mis amantes
del nunca-jamás, sentirán el ruido de mi piel en las venas, gemirán el dolor de
mis entrañas en las fibras de los huesos, como yo lo hice, una y mil veces, al
imaginarlos amándome y desnudos. Esta es mi bendición.
Romina Vitale
Volví a releer el relato. Triste, pero muy real. Felicitaciones, Ro !!!
ResponderEliminarun relato muy intenso.
ResponderEliminarcomo vos...
intenso! y sensible, crudo, muy bueno...
ResponderEliminarSalu2